|
| I Ching |
La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos. Nunca presenta una situación en la que no esté incluido el principio contrario al rector del signo, que conducirá a un nuevo estado. Los cambios se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, lo cual muestra claramente el concepto taoísta del yin y yang.
En su aspecto cosmogónico, el I Ching describe un universo en el que la energía creadora proviene del cielo, en tanto la tierra es receptora y fecundadora de esa energía primaria.
El I Ching considera el cambio como la única realidad existente, el ser. En Occidente se identifica el ser con aquello que mantiene unidas la forma (principio inmaterial) y la materia (principio material) y le da la virtud formal a la forma. Para el I Ching, la materia es sólo una manifestación pasajera de un principio más profundo. |
 |
Se asume que nuestros ancestros pertenecen al pasado y que su ausencia física es indicio de que están ausentes de nuestras vidas. Esta creencia es especialmente fuerte si nuestros antepasados fallecieron hace muchos años o antes de nuestro nacimiento. Esta suposición es una creencia por nuestra parte, no una realidad energética.
La realidad energética es que nuestros ancestros están siempre presentes en todos los aspectos de nuestra vida. Están presentes en el código genético, en nuestra sangre, en los rasgos físicos de nuestro cuerpo, en la estructura emocional que tejemos durante nuestra existencia y en situaciones que continúan repitiéndose en la estructura familiar de la que formamos parte. Los ancestros están presentes, no solamente en las cosas negativas que hemos heredado, sino también en nuestros talentos y habilidades, las profesiones que elegimos, e incluso en los lugares que escogemos para vivir.
Los traumas que nuestros ancestros experimentaron, los deseos que no fueron capaces de satisfacer, las promesas que se hicieron y los patrones emocionales que desarrollaron, son heredados por todos los miembros de la familia como ciclos pendientes que buscan resoluciones creativas.
|
El I-Ching consta de 64 capítulos con un sistema binario de numeración, aritmético y geométrico.
Los números impares son representados por una línea continua, y los pares, por una quebrada.
Estos trazos se llaman hexagramas, formados cada uno de ellos por dos trigramas, y no se construyen como en la escritura china, de arriba abajo, sino de abajo arriba. Son frases y consejos muy sabios y aplicables a cualquier cultura y moral.
En el I-Ching se advierte un universo que se mueve por la relación de diálogo entre los seres opuestos y que está regido por la idea del movimiento y cambio.
Según el I-Ching, los cambios ocurren de manera cíclica. La vía de la adivinación del I-Ching se basa en la ausencia que un futuro que determine qué es lo que va a pasar, y en un casualismo, es decir que los acontecimientos se producen por casualidades.
Un trigrama puede colocarse encima de otro para simbolizar el cielo sobre la tierra. Así se forma, pues, una figura de seis líneas llamada hexagrama. El ejemplo de los ordenadores utilizado antes nos permitirá ver una hilera de 6 interruptores que pueden estar encendidos o apagados. Existen 64 combinaciones posibles, que es el número de hexagramas de que consta el I-Ching. Se cree que representan el número total de situaciones que ocurren de manera natural en la siempre cambiante pauta de la existencia. Hay quien afirma que esta pauta fue vista por primera vez en el caparazón de una tortuga.
Sea cual sea su origen, sólo hay un pequeño paso entre la percepción de la pauta y el deseo de aplicarla, en un intento de comprender la condición humana. Imaginemos a una persona en pie sobre la tierra (Yin) mirando al cielo (Yang) y preguntándose: «¿Cómo encajo yo en el orden de las cosas?» Si se utiliza un método adecuado de selección, un hexagrama puede ayudarle a hallar la respuesta. |
|
|
| |
|